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El lado oscuro de la risa

Anonim

Cuando escuchas a alguien reír detrás de ti, probablemente te los imagines por teléfono o con un amigo, sonriendo y experimentando una sensación cálida y borrosa en el interior. Lo más probable es que el sonido de la risa pueda hacerte sonreír o incluso reírte. Pero imagina que la persona que se ríe está caminando solo en la calle o sentado detrás de ti en un funeral. De repente, no parece tan atractivo.

La verdad es que la risa no siempre es positiva o saludable. De acuerdo con la ciencia, se puede clasificar en diferentes tipos, desde genuino y espontáneo hasta simulado (falso), estimulado (por ejemplo, por cosquilleo), inducido (por drogas) o incluso patológico. Pero la verdadera base neural de la risa aún no es muy conocida, y lo que sí sabemos sobre ella proviene en gran parte de los casos clínicos patológicos.

La risa y la apreciación del humor son componentes vitales de la función adaptativa social, emocional y cognitiva. Sorprendentemente, no son únicamente humanos. Los primates y los monos también disfrutan de una buena risa. Esto puede haber evolucionado porque les ayuda a sobrevivir. La risa es, después de todo, una actividad comunitaria que promueve la unión, difunde conflictos potenciales y alivia el estrés y la ansiedad. Pero pierde su impulso rápidamente cuando se lo permite solo (la risa solitaria puede tener connotaciones siniestras).

La risa tiene el poder de anular otras emociones momentáneamente; no podemos sollozar o hervir a fuego lento mientras nos reímos simultáneamente. Esto se debe a que nuestros músculos faciales y nuestra arquitectura vocal han sido secuestrados por emociones más soleadas. Y todo está controlado por circuitos cerebrales especializados y mensajeros químicos (neurotransmisores).

Sabemos que hay varias vías cerebrales que contribuyen a la risa, cada una para diferentes componentes de la misma. Por ejemplo, las regiones del cerebro que suelen participar en la toma de decisiones y el control de nuestro comportamiento deben inhibirse para facilitar la risa espontánea y desenfrenada. La risa también se basa en los circuitos emocionales que conectan las áreas responsables de experimentar emociones con aquellas requeridas para expresar emociones.

¿Qué enfermedad nos puede enseñar?

Si bien hemos obtenido un conocimiento detallado de las características del cerebro que son cruciales para las expresiones faciales, la deglución, los movimientos de la lengua y la garganta, se sabe mucho menos sobre cómo las emociones positivas se transforman en risas. Afortunadamente, varias enfermedades y afecciones han ayudado a arrojar algo de luz sobre sus funciones neuronales subyacentes.

Un síndrome particularmente bien documentado, que se cree que fue identificado por primera vez por Charles Darwin, implica una exposición inquietante de emociones descontroladas. Se caracteriza clínicamente por frecuentes, involuntarios e incontrolables arrebatos de risa y llanto. Este es un trastorno angustiante de la expresión emocional en desacuerdo con los sentimientos subyacentes de la persona. La afección se conoce como síndrome de afecto pseudobulbar y puede expresarse en diferentes afecciones neurológicas.

En resumen, la condición surge de una desconexión entre las “vías descendentes” frontales en el tronco cerebral, que controlan los impulsos emocionales, y los circuitos y vías que gobiernan la expresión facial y emocional. Algunos trastornos específicamente asociados con la afección incluyen lesión cerebral traumática, enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple y accidente cerebrovascular.

De hecho, un estudio realizado el año pasado descubrió que un sentido del humor cada vez más retorcido y reírse en momentos inapropiados podría ser un indicio temprano de demencia. El síndrome de afectación pseudobulbar también es uno de los efectos secundarios más comunes reportados del accidente cerebrovascular en términos de cambio emocional. Y dada la alta incidencia de accidente cerebrovascular cada año, es probable que la afección sea muy prevalente en la población general.

Hay una serie de otras afecciones específicas que también pueden estar asociadas con un cableado cerebral anormal. La gelotofobia es un miedo intenso a ser reído. La gelotofilia, por otro lado, es el placer de reírse. La condición relacionada con el katagelasticismo, mientras tanto, es la alegría de reírse de los demás.

La gelotofobia, en particular, puede convertirse en una ansiedad extrema que quema la alegría y va desde la ineptitud social hasta la depresión severa. Puede inducir vigilancia ambiental vigilante para detectar cualquier signo de ridículo. Este miedo anormal a ser burlado puede surgir de las experiencias negativas de la vida temprana de ser burlado, burlado o burlado. Los datos de imágenes muestran que la gelotofobia se asocia con una conectividad deficiente entre las áreas del cerebro temporal frontal y medial, redes responsables del monitoreo y procesamiento de los estímulos emocionales.

También sabemos que los circuitos cerebrales frontales nos permiten interpretar el significado literal del lenguaje en un contexto social y emocional. Esto nos ayuda a apreciar el humor sutil como el sarcasmo. Curiosamente, esta capacidad a menudo se pierde después de una lesión cerebral frontal, o en condiciones asociadas con disfunción frontal, por ejemplo, el autismo.

Risa saludable

A pesar del lado oscuro de la risa, no se puede negar que la risa generalmente provoca sentimientos borrosos y cálidos. Sabemos que la risa mejora la función cardiovascular, fortaleciendo nuestros sistemas inmunológicos y endocrinos.

También sabemos que el "humor benevolente" positivo, "reírse con" en lugar de "reírse" de los demás, es especialmente gratificante. De hecho, la manera en que nuestros cerebros procesan la risa de otras personas parece indicar que reírse con alguien tiene más profundidad emocional y es más placentero que reírse de ellos.

De hecho, nuestros cerebros parecen particularmente afectados por señales felices emocionalmente gratificantes y auténticas. Esto podría ayudar a explicar por qué se ha demostrado que la terapia de risa tiene efectos potentes. Estos incluyen ejercicios musculares, mejora de la respiración, disminución del estrés y la ansiedad y mejora del estado de ánimo y la capacidad de recuperación. Incluso se ha demostrado que la terapia de risa funciona de manera similar a los antidepresivos al elevar los niveles de serotonina en el cerebro, un neurotransmisor crucial vital para los sentimientos de bienestar y tranquilidad.

Así que, independientemente del estilo del humor, siempre que no haya una enfermedad subyacente, la risa es la mejor medicina.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el artículo original.

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